El lejano oeste irlandés: parques naturales, castillos y Karst

Carretera irlandesa Connemara

“There isn’t a tree to hang a man, water to drown a man nor soil to bury a man”.

Durante las guerras religiosas del siglo XVII, Cromwell forzaba a numerosos campesinos de la costa este a emigrar a las tierras más pobres del oeste. Uno de sus lugartenientes definía la dureza de esta región diciendo que aquí no había ni un árbol para colgar a un hombre, ni agua para ahogarlo, ni tierra donde enterrarlo. Una frase de la época que puede darnos una idea de lo yermo de este paisaje esculpido en la roca.

Formada por los condados de Galway, Mayo, Roscommon, Sligo y Leitrim, la provincia de Connacht es hoy uno de los destinos preferidos de los irlandeses que pasan sus vacaciones en la isla. Es su “lejano oeste”.

Roundstone

Llegamos a Connemara, el distrito más remoto del condado de Galway. Es una ruta solitaria. Apenas nos cruzamos con unos cuantos coches por la carretera que recorre los páramos salpicados por la roca y varias cascadas de agua.

Pasaremos tres noches en Roundstone. Su configuración de casitas de colores alineadas a lo largo de la calle principal nos recuerdan a un pueblo  irlandés de película. De hecho, si queréis ver una comedia que transcurre en Roundstone podéis hacerlo en “The matchmaker” (1997) https://www.youtube.com/watch?v=HBRsotXC4Ig

pueblos de películas Irlanda
Roundstone y sus casitas de colores – CC RM

Nos alojamos en una pequeña casa frente al puerto y la bahía. Perfecta para salir al pub o a tomar un café sin coger el coche. Roundstone tiene varios restaurantes a lo largo de su calle. Pero yo recomendaría sobre todo el pub, que además de más económico sirve una comida deliciosa. Eso sí, en pleno Agosto quizá tengas que esperar bastante para coger mesa. Pero mientras tomas una pinta y ves el ambiente del local el tiempo de espera no te pesará.

Alojamiento – https://www.loveconnemaracottages.com/property/cottage-170-roundstone/

Pub – The Shamrock Bar 

Connemara National Park

Montañas rodeadas de ciénagas, pequeñas zonas boscosas y brezo. Llegar a este espacio natural desde Roundstone sólo lleva unos 40 minutos.

Carretera irlandesa Connemara
Carretera en Connemara – CC RM

Saliendo del centro de visitantes hay una una agradable excursión hasta Diamond Hill. Al subir a la colina podrás ver a un lado cómo se extienden los páramos y en el otro el mar bañando la bahía. Para saber más sobre el parque: https://www.connemaranationalpark.ie/

Connemara National Park
Connemara National Park – CC DG

Kylemore Abbey

No muy lejos del parque natural podemos visitar Kylemore Abbey. Es un castillo irlandés que durante unos años sirvió de escuela. La planta baja y el comedor están decorados como si la gente que antaño habitó el castillo acabaran de salir por la puerta.

Kylemore Abbey & Victorian Walled Garden
Kylemore Abbey – Copyright RM
Comedor con la mesa puesta en Kylemore Abbey
Comedor con la mesa puesta en Kylemore Abbey – CC RM

Igual de interesante que el castillo es visitar los alrededores del mismo. Un paseo por un bosque frondoso nos sorprende con una pequeña cascada y una iglesia entre los árboles.

El lago frente al castillo
El lago frente al castillo – CC RM
Un bosque frondoso en los alrededores de Kylemore Abbey
Un bosque frondoso en los alrededores de Kylemore Abbey – CC RM

Las Islas de Aran

Llegar a las Islas de Aran es como hacer un viaje en el tiempo. Estas islas remotas se han  conservado perfectamente. Además, su paisaje kárstico las dota de una idiosincrasia propia. Los caminos se van abriendo en la roca, bordeando las escasas casas y construcciones de la isla. Son paisajes duros, desapacibles. Te podrán gustar más o menos. Pero seguro que no te dejan indiferente.

Inis Mór, la mayor de las Islas de Aran
Inis Mór, la mayor de las Islas de Aran – Copyright RM

Para saber más sobre el Karst:
La acción modeladora del agua
Geología de las Islas de Aran

Compuestas por un grupo de tres islas, la mayor de ellas es Inis Mór. Para llegar puedes hacerlo desde Rossaveal (60 minutos) o desde Doolin (90 minutos). En ninguno de los casos hay posibilidad de llevar el coche, pero no será necesario. Pequeños autobuses recorren la isla continuamente.

Por proximidad, elegimos Rossaveal como puerto de salida. Sólo por el viaje en ferry ya vale la pena llegar a las islas. Viajando en la bañera de popa puedes sentir cómo el agua te salpica mientras contemplas el  paisaje de la bahía de Galway.

Bahía de Galway Irlanda
Bahía de Galway – CC RM

Dun Aengus

Una vez en Inis Mór cogemos una pequeña furgoneta turística que va recorriendo la isla y realizando paradas. A medida que avanzamos podemos ver cómo todos los caminos están delimitados por muros de piedra, levantados antiguamente para contener el ganado de la isla o crear pequeñas parcelas de cultivo en un lugar tan azotado por el viento. Estas paredes dan una sensación de estar en una especie de laberinto de piedra.

Nos bajamos del vehículo en Dún Aengus, uno de los vestigios arqueológicos más antiguos de Irlanda. Construido en la Edad del Bronce, sus círculos concéntricos dan pie a pensar que pudo ser un edificio defensivo. También se especula con que fuera una edificación religiosa.

Además del interés del fuerte, lo que es imperdible son las vistas que hay desde allí. Unos acantilados de unos 100 metros de altura y una perspectiva de la isla impresionante.

Vista de Inis Mór y acantilados desde Dun Aengus
Vista de Inis Mór y acantilados desde Dun Aengus – CC RM
Dun Aengus / Dún Aonghasa
Dun Aengus / Dún Aonghasa – CC RM
Subida a Dun Aengus
Subida a Dun Aengus – CC RM

Con la visita a Inis Mór acababa nuestra estancia en el oeste irlandés. Esa noche ibámos a cenar comida irlandesa en algún restaurante de Roundstone y a viajar hacia Dublín al día siguiente. No contábamos con un último episodio que nos ocurrió estando en la isla. Haciendo un cálculo erróneo de distancias, decidimos pasar del autobús y volver caminando desde Dun Aengus al puerto. Teníamos casi dos horas de tiempo, pero en medio paramos a comer un sandwich. Acabamos corriendo por el último tramo de los 9 Km que nos separaban del puerto y claro está del ferry que nos llevaba de vuelta. Un final de etapa algo movido 🙂

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